No sé si el pare Manel coneixia intel·lectualment el que intentaré plasmar a continuació, jo crec que sí, però segur que ho coneixia i practicava vivèncialment. Jo no ho he conegut ni practicat mai vivèncialment, que és el realment important. Ho conec sobre el paper des que, fa un parell d’anys, un professor em va recomanar llegir el llibre d’Àngel Puyol, El derecho a la fratenidad. Coneixia les tres paraules màgiques de la Revolució francesa: llibertat, igualtat i fraternitat. De les dues primeres n’havia sentit parlar, els polítics se’n omplen la boca, però de la tercera només en tenia alguna reminiscència més lligada al cristianisme que al dret. L’autor esmentat explica que, de fet, la llibertat i la igualtat es fonamenten en la fraternitat, que aquesta és el puntal de les altres dues o, per dir-ho amb paraules que li manllevo, n’és la seva condició de possibilitat. En lloc d’intentar explicar la importància de la fraternitat amb paraules meves, copiaré alguns paràgrafs de la introducció al llibre que escrigué l’Àngel Puyol. Serà en castellà per evitar malentesos de traducció. «Es difícil creer que la fraternidad sea un derecho, porque lo habitual es asociarla al mundo de los sentimientos, del amor al prójimo, de la ética más íntima, como la tradición cristiana nos ha enseñado. Un derecho exige su cumplimiento, sobretodo por parte de las instituciones, y es obvio que estas no pueden obligarnos a sentir simpatía por los demás o a ser buenas personas. Por eso, reclamar fraternidad como un derecho parece un absurdo, irreal e, incluso, peligroso en una sociedad democrática y respetuosa con la libertat individual. Sin embargo, la fraternidad posee también un significado político ligado al mundo de los derechos y la justicia que no tiene que ver con la imposición de afectos, sino con el reconocimento de que nadie debe quedar excluido de los beneficios y cargas de la vida en sociedad.» «El derecho a la fraternidad es el derecho a la existencia proclamado por Robespierre en el siglo XVIII, el derecho a la protección de todos sobre cada uno, según relata Víctor Hugo en los Miserables, la idea de no querer tener mayores ventajas a menos que esto sea en provecho de todos, como sostia John Stuart Mill [...], una idea que Jan Rawls ha incorporado a su Teoria de la justicia, ya avazado el siglo XX, enfatizando que los beneficios de los más afortunados son legítimos tan solo si mejora la situación de los más desaventajados.» «El derecho a la fratenidad tiene dos significaciones mutuamente dependientes: una emancipadora y otra asistencial. En su sentido emancipador, la fraternidad es un ideal político cuyo fin es que todos los individuos se liberen del poder, la autoridad, la tutela o cualquier subordinación o dependencia civil, social y económica que puedan padecer» «En su sentido asistencial, la fraternidad significa que los individuos deben protegerse unos a otros de los males evitables de la existencia, garantizando el acceso de todos al disfrute de los bienes considerados básicos [...]» «En la actualidad, podríamos pensar que la solidaridad es una buena sustituta de la fraternidad [...] Si bien es cierto que esta idea [la solidaridad] acoge con facilidad el sentido asistencial de la fraternidad, plasmado en el estado del bienestar, se desentiende por completo de su sentido emancipador [...]» «Además, la fraternidad exige que los fraternos [tots els vivents] se traten entre sí como iguales [...] mientras que la solidaridad no se siente incómoda con las relaciones asimétricas» «La solidaridad ni supone ni impone la instauración de unas relaciones de respeto igualitario entre unos y otros; tampoco assegura el derecho a beneficiarse de la protección de todos [...]» «No es casualidad que el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos [...] proclame: ‘Todos los seres humanos nacen libre e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros’. La Declaración apela a la fraternidad como un deber, però todo deber implica un derecho [...]»
El pare Manel coneixia aquest «Un derecho exige su cumplimiento, sobretodo por parte de las instituciones, y es obvio que estas no pueden obligarnos a sentir simpatía por los demás o a ser buenas personas» i feia el que la llei no el podia obligar, és a dir, sentia simpatia pels «altres», empatia amb els «altres», i era bona persona de veritat, no pas per les seves paraules «educades» sinó per les seves obres d’immensa humanitat. A més a més , coneixia i reconeixia i respectava i feia realitat el dret a la fraternitat que també tenen els marginats i, com que no tenia eines eficaces per exigir a les institucions el seu deure, substituïa gratuïtament a aquestes en el seu deure. Ajudat per uns quants «bojos» que feien riure, automarginats voluntàriament de la societat «políticament correcta», blasmats pels defensors de la moralitat correcta i pura, treballava amb alegria per minorar l’infern que molts viuen a la Terra, pagadors innocents de la manca de fraternitat de la resta de la societat.
Com aquell qui no feia res, ha ajudat a moltissima persones excluides per diverses causes. El que més he admirat es que ho feia sempre posant' hi un toc d' humor que el caracteritzava. Que des d'el cel segueixi vetllant per tots els amics que ajudava i han plorat la seva absència.
No sé si el pare Manel coneixia intel·lectualment el que intentaré plasmar a continuació, jo crec que sí, però segur que ho coneixia i practicava vivèncialment.
ResponEliminaJo no ho he conegut ni practicat mai vivèncialment, que és el realment important. Ho conec sobre el paper des que, fa un parell d’anys, un professor em va recomanar llegir el llibre d’Àngel Puyol, El derecho a la fratenidad.
Coneixia les tres paraules màgiques de la Revolució francesa: llibertat, igualtat i fraternitat. De les dues primeres n’havia sentit parlar, els polítics se’n omplen la boca, però de la tercera només en tenia alguna reminiscència més lligada al cristianisme que al dret.
L’autor esmentat explica que, de fet, la llibertat i la igualtat es fonamenten en la fraternitat, que aquesta és el puntal de les altres dues o, per dir-ho amb paraules que li manllevo, n’és la seva condició de possibilitat.
En lloc d’intentar explicar la importància de la fraternitat amb paraules meves, copiaré alguns paràgrafs de la introducció al llibre que escrigué l’Àngel Puyol. Serà en castellà per evitar malentesos de traducció.
«Es difícil creer que la fraternidad sea un derecho, porque lo habitual es asociarla al mundo de los sentimientos, del amor al prójimo, de la ética más íntima, como la tradición cristiana nos ha enseñado. Un derecho exige su cumplimiento, sobretodo por parte de las instituciones, y es obvio que estas no pueden obligarnos a sentir simpatía por los demás o a ser buenas personas. Por eso, reclamar fraternidad como un derecho parece un absurdo, irreal e, incluso, peligroso en una sociedad democrática y respetuosa con la libertat individual.
Sin embargo, la fraternidad posee también un significado político ligado al mundo de los derechos y la justicia que no tiene que ver con la imposición de afectos, sino con el reconocimento de que nadie debe quedar excluido de los beneficios y cargas de la vida en sociedad.»
«El derecho a la fraternidad es el derecho a la existencia proclamado por Robespierre en el siglo XVIII, el derecho a la protección de todos sobre cada uno, según relata Víctor Hugo en los Miserables, la idea de no querer tener mayores ventajas a menos que esto sea en provecho de todos, como sostia John Stuart Mill [...], una idea que Jan Rawls ha incorporado a su Teoria de la justicia, ya avazado el siglo XX, enfatizando que los beneficios de los más afortunados son legítimos tan solo si mejora la situación de los más desaventajados.»
«El derecho a la fratenidad tiene dos significaciones mutuamente dependientes: una emancipadora y otra asistencial.
En su sentido emancipador, la fraternidad es un ideal político cuyo fin es que todos los individuos se liberen del poder, la autoridad, la tutela o cualquier subordinación o dependencia civil, social y económica que puedan padecer»
«En su sentido asistencial, la fraternidad significa que los individuos deben protegerse unos a otros de los males evitables de la existencia, garantizando el acceso de todos al disfrute de los bienes considerados básicos [...]»
«En la actualidad, podríamos pensar que la solidaridad es una buena sustituta de la fraternidad [...] Si bien es cierto que esta idea [la solidaridad] acoge con facilidad el sentido asistencial de la fraternidad, plasmado en el estado del bienestar, se desentiende por completo de su sentido emancipador [...]»
«Además, la fraternidad exige que los fraternos [tots els vivents] se traten entre sí como iguales [...] mientras que la solidaridad no se siente incómoda con las relaciones asimétricas»
«La solidaridad ni supone ni impone la instauración de unas relaciones de respeto igualitario entre unos y otros; tampoco assegura el derecho a beneficiarse de la protección de todos [...]»
«No es casualidad que el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos [...] proclame: ‘Todos los seres humanos nacen libre e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros’.
La Declaración apela a la fraternidad como un deber, però todo deber implica un derecho [...]»
El pare Manel coneixia aquest «Un derecho exige su cumplimiento, sobretodo por parte de las instituciones, y es obvio que estas no pueden obligarnos a sentir simpatía por los demás o a ser buenas personas» i feia el que la llei no el podia obligar, és a dir, sentia simpatia pels «altres», empatia amb els «altres», i era bona persona de veritat, no pas per les seves paraules «educades» sinó per les seves obres d’immensa humanitat. A més a més , coneixia i reconeixia i respectava i feia realitat el dret a la fraternitat que també tenen els marginats i, com que no tenia eines eficaces per exigir a les institucions el seu deure, substituïa gratuïtament a aquestes en el seu deure.
ResponEliminaAjudat per uns quants «bojos» que feien riure, automarginats voluntàriament de la societat «políticament correcta», blasmats pels defensors de la moralitat correcta i pura, treballava amb alegria per minorar l’infern que molts viuen a la Terra, pagadors innocents de la manca de fraternitat de la resta de la societat.
Si tots fossim “una mica Parel Manel”, tot aniria millor.
EliminaReflexionem-hi, ni que sigui només avui.
Com aquell qui no feia res, ha ajudat a moltissima persones excluides per diverses causes.
ResponEliminaEl que més he admirat es que ho feia sempre posant' hi un toc d' humor que el caracteritzava.
Que des d'el cel segueixi vetllant per tots els amics que ajudava i han plorat la seva absència.
El pare Manel, era un estel, que encenia llum al cor de les persones que el coneixien.
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